CURACION DE FRACTURAS.
Recursos para mejorar la curación de las fracturas. Métodos
físicos.
• Estimulación
mecánica:
Uno de los conceptos fundamentales en Ortopedia está dado
por el conocimiento de que la apropiada carga mecánica
acelera la curación de las fracturas. Esto se encuentra
basado en un proceso de adaptación, de acuerdo al
cual, la arquitectura ósea responde favorablemente
al estímulo mecánico generado tanto por las
cargas dinámicas como por las estáticas. Más
específicamente, existe una relación directa
entre la magnitud de la máxima tensión y la
frecuencia de carga. Este efecto induce una respuesta osteogénica
ue mejora la formación ósea con fuerzas de
tensión por encima del 0.4% (esto implica una deformación
de 2 mm para un fémur adulto) y ciclos de carga por
arriba de 0.5 Hz. La formación ósea ocurre
en respuesta a un estímulo mecánico que tiende
a saturarse con el incremento de la duración de la
carga. La adaptación tiene lugar cuando sobre el hueso
se aplican tanto tensiones normales como anormales.
No es sorprendente, pues, que el efecto mecánico en
el sitio de la fractura influya sobre su patrón de
reparación. Así, cuando el movimiento es bloqueado
mediante una estabilización rígida, la remodelación ósea
puede realizarse frente a la formación de un pequeño
o inexistente callo externo, conduciendo a una reparación ósea
directa. Por el contrario, cuando media una estabilización
interfragmentaria menos rígida, esta reparación ósea
directa se produce merced a la curación endocondral
o a la osificación intramembranosa a partir del periostio.
Es de remarcar que el índice de curación, la
extensión de la formación del callo y el volumen
del flujo sanguíneo se incrementan frente a la aplicación
de un movimiento interfragmentario cíclico adecuado;
mientras que un exceso de tal movimiento, si bien favorece
la formación del callo, tiene un efecto deletéreo
sobre la angiogénesis y culmina en una seudoartrosis
hipertrófica.
Kenwright y Goodship han demostrado los beneficios potenciales
ejercidos sobre la curación ósea por la carga
mecánica controlada en un estudio prospectivo aleatorizado
de 102 fracturas tibiales estabilizadas mediante fijación
externa modificada para aplicar micromovimientos axiales
controlados de desplazamiento de 1 mm a 0.5 Hz durante 30
minutos por día, a partir de la semana posterior a
la colocación del tutor. Esta dinamización
redujo significativamente el tiempo de curación y
estuvo asociada a un menor índice de intervenciones
secundarias.
• Campos electromagnéticos:
Cuando un hueso es sometido a compresión mecánica,
se producen gradientes de tensión que a su vez provocan
gradientes de presión a nivel del líquido intersticial.
Estos derivan al mismo por vía intracanalicular desde
regiones de alta presión hacia otras de menor presión,
exponiendo a las membranas celulares de los osteocitos a
cambios de flujo que condicionan modificaciones a nivel de
los potenciales eléctricos. Estos últimos jugarían
un papel en el proceso de transducción mecánica.
Con el objeto de repetir estos efectos, varios investigadores
han propuesto aplicar un campo eléctrico exógeno
a nivel del sitio de la fractura. Los campos magnéticos
(CM) pueden ser liberados por estimulación directa
mediante: electrodos implantados (invasivo), cupla inductiva
producida un CM de tiempo variable (no invasivo), o por capacitores
(no invasivo).
Los efectos subyacentes del CM sobre los procesos celulares
no son bien conocidos. La exposición in vitro de osteoblastos
al CM estimula la secreción de numerosos factores
de crecimiento que incluyen proteínas osteomorfogenéticas
(BMP) 2 y 4, factores ß de transformación de
crecimiento (TGF-ß) y factores II de crecimiento similinsulina
(IGF-II).
El efecto indirecto generado por el aumento de temperatura
no puede ser normatizado, sin embargo, su importancia merece
nuevos estudios al respecto.
En la práctica clínica, el efecto del CM en
el retardo de consolidación y en la seudoartrosis
fue estudiado desde hace 30 años y en tal sentido,
varios procedimientos ya han sido aprobados por la F.D.A.
Para este tipo de estimulación, Ryaby (1998) señala
un índice de eficacia que fluctúa entre 64%
y 87% en el tratamiento de la seudoartrosis de la diáfisis
tibial. No obstante, ante la escasez de estudios al respecto,
estos resultados deben ser sometidos a mayores estudios clínicos
comparando este procedimiento con los métodos convencionales
con autoinjerto.
• Ultrasonido de baja
intensidad:
La aplicación de este procedimiento en la curación
de las fracturas frescas fue introducida por Duarte en 1983.
Si bien los estudios animales y clínicos han confirmado
la utilidad del ultrasonido (US) en el mejoramiento de la
curación fracturaria, no se ha establecido su exacto
mecanismo físico. In vitro, el US tiene un efecto
directo sobre la fisiología celular a través
del aumento de la incorporación de iones cálcicos
en los cultivos de cartílago y de células óseas
y el estímulo de la expresión de numerosos
genes involucrados en el proceso de curación, incluyendo
IGF y TGF-ß. La exposición al US incrementa
la formación del callo blando y resulta en un comienzo
precoz de la osificación endocondral, sugiriendo así que
el efecto más prominente se orienta la población
condrocítica.
En estudios animales realizados sobre fracturas frescas en
ratas y conejos demuestra una aceleración promedio
del proceso de curación de 1.5 veces en el grupo sometido
a US frente al grupo testigo. Parece ser que este efecto
es el resultado de varios mecanismos, incluyendo un incremento
de la formación ósea. La experiencia clínica
de Hadjiargyrou y col. (1998) en la utilización del
US de baja intensidad durante 20 años, ha demostrado
que el mismo promueve la curación en las fracturas
frescas. Las aplicaciones fisioterápicas utilizan
intensidades que varían entre 2 y 100 W/cm².
En contraste, la intensidad requerida en los procesos fracturarios
es muy baja y no supera los 30 mW/cm². El US se inicia
habitualmente durante la primera semana posterior a la fractura
y se aplica durante 20 minutos por día. En un estudio
aleatorizado realizado por Heckman y col (1994) sobre 67
fracturas tibiales, comprobó una reducción
significativa (38%) del tiempo de curación. Otro tanto
fue establecido en el caso de fracturas de muñeca
tratadas con inmovilización enyesada (Kristiansen
y col.), donde la reducción del tiempo de curación
estuvo asociada a una menor incidencia de pérdida
de reducción. La ausencia de efectos adversos junto
con los altos índices de éxito publicados,
abre un promisorio futuro para este procedimiento en los
retardos de consolidación y las seudoartrosis. |