Equipo de Cirugía de Pierna, Tobillo y Pie.
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INESTABILIDAD LATERAL CRÓNICA DE TOBILLO. TECNICA DE CHRISTAMN SNOOCK

• Introducción

El traumatismo en supinación de la articulación tibioperoneoastragalina puede producir lesiones en el aparato capsuloligamentario externo de la misma, que no siempre son correctamente diagnosticadas, o en general tratadas superficial e incompletamente, acarreando al enfermo una discapacidad por inestabilidad muy manifiesta, sobre todo si se trata, como en la mayoría de los pacientes, de gente joven en plena actividad física.

La mayoría de las inestabilidades, si bien escierto,que tienen un desencadenante traumatico, suelen existir, situciones predisponentes, tales como unos sub peroneo, un pie cavo o un calcaneo varo.

La mayoría de los autores,comunican muy buenos resultados con todas las técnicas quirúrgicas empleadas para corregir esta inestabilidad, en este trabajo queremos destacar nuestra experiencia con un procedimiento que, creemos, responde mejor que otros a las exigencias de la mecánica de la articulación.

• Anatomía y biomecánica
No nos referiremos a la estructura del complejo ligamentario externo, muy conocido por todos, pero existen detalles que ayudan a planear una reconstrucción cercana a la normalidad y con un resultado final altamente satisfactorio.

Los dos haces -anterior (PAA) y medio (PC)- del sistema se encuentran en un plano parasagital; uno, el peroneoastragalino anterior (PAA), de franca dirección anterior y el otro, peroneocalcáneo (PC), dirigido hacia atrás y abajo para fijarse en la pared externa del calcáneo, es decir, es biarticular, ya que cruza las articulaciones tibioastragalina y subastragalina.

Forman entre sí un ángulo de 70 a140 grados (en promedio 105 grados).

El ligamento PAA es el verdadero ligamento lateral externo en flexión plantar, ya que se alínea con el peroné al verticalizarse el astrágalo y el PC lo es en flexión dorsal al hacerse también vertical en esta situación articular.

El período o arco de movimiento en que ambos se encuentran relajados es mínimo, con un ángulo de separación entre ellos de 100 a 105 grados.

Si este valor angular aumenta, por ejemplo 130 a 140 grados, este período se alarga y la propensión a sufrir esguinces es mayor en estos individuos.

La lesión más frecuente es la del haz PAA, ya que en general la supinación se produce con caída del cuerpo hacia delante, es decir, en flexión plantar.

La rotura pura del PC es rara y correspondería a traumatismos en supinación al caer el individuo en un pozo estrecho, por ejemplo.

Es importante destacar cómo el haz PC (biarticular, como hemos dicho) no interfiere en la movilidad de la articulación subastragalina: si imaginamos como un cono de base interna cuya altura es el eje articular, el ligamento PC se encuentra sobre la superficie de este cono y se inserta en su vértice; por consiguiente no interfiere ni cruza el interior del mismo y de esta manera no participa en la movilidad de dicha articulación.

Esta relación ligamentaria es crítica, como dice Mann, ya que toda reconstrucción que no tenga en cuenta esta configuración dará como resultado una restricción de la movilidad de una o de ambas articulaciones

• Importancia del ángulo tibioastragalino en maniobras de esfuerzo lateral.
En 1979 Cox publicó un trabajo estadístico realizado sobre 404 tobillos de cadetes navales que nunca habían sufrido esguinces.
Realizando, con técnicas estandarizadas, radiografías de frente con maniobras de stress lateral, encontró 397 individuos con ángulos entre 0 y 5 grados (98%) y sólo 7 casos con ángulo mayor a 5 grados (2%).
Concluye que éste es el valor (5 grados) máximo que se puede aceptar como normal para este tipo de estudio. Todo valor mayor traería alguna forma de inestabilidad.
Anderson y Le Coq (en 1954) proponen una clasificación de las inestabilidades en base a valores angulares tibioastragalinos que resulta útil e interesante.
El estudio, de tipo anatómico-radiográfico, se realizó en series de hasta 50 tobillos cadavéricos. Los resultados permiten clasificar la inestabilidad en tres grados o tipos:

Tipo 1: Anatómicamente corresponde a lesiones aisladas del haz PAA; sólo se produce un desplazamiento del astrágalo hacia delante en el plano horizontal. Radiográficamente: bostezo lateral ausente o no mayor a 5 grados y cajón anterior siempre presente.

Tipo 2: Lesión igual a la anterior, a la que se le suma la de la cápsula articular comprendida entre el PAA y el PC. En la radiografía: bostezo lateral del orden de 7 a 10 grados.

Tipo 3: Lesión o rotura del PAA, PC y ligamento astragalocalcáneo externo (ACE). Por consiguiente se obtienen bostezos del orden de 15 a 30 grados o aun mayores.

Si todo el sistema externo es destruido, el astrágalo se luxa con facilidad.

Esta clasificación permite orientarse en el esquema terapéutico:
Las lesiones tipos 1 y 2 son compensables con procedimientos incruentos o con cirugías que corrijan la insuficiencia de los componentes anteriores.

La lesión de tipo 3, siempre con importante sintomatología, sólo se corregirá con técnicas que compensen los haces anteriores y medio y que, a su vez, reproduzcan la orientación natural de los mismos como ya vimos.

Tratamiento
Muchos procedimientos quirúrgicos fueron descriptos en los pasados ochenta años para solucionar la inestabilidad del tobillo y, como dijimos, en general con buenos resultados. Las preferencias por uno u otro método habrá que buscarlas en la mayor o menor complejidad técnica, en los riesgos inherentes al procedimiento o en las interpretaciones biomecánicas que haga cada cirujano.

Realizaremos una breve recopilación de las distintas técnicas que desemboque en la utilizada por nosotros y en el porqué de su elección.

Gallie, en 1913, describe por primera vez la tenodesis con el peroneo lateral corto para tratar un caso de pie bot paralítico; Nilsonne modifica el procedimiento adaptándolo a un caso de subluxación del tobillo. Esencialmente se trata de la técnica que luego describiera Evans en 1953.

Elmslie (1934) propone la reconstrucción de los haces PAA y PC con fascia lata, pasándola por perforaciones realizadas en el maléolo peroneo, cuello del astrágalo y calcáneo.

Watson-Jones critica el uso de fascia lata pro adopta la idea de tunelizar el cuello astragalino, utilizando el tendón del peroneo lateral corto.

Ruth demuestra que esta técnica es insuficiente porque no compensa el haz medio y el ligamento ACE. Refiere inestabilidad residual en 6 de los 44 casos de su serie. Una observación similar hace Riegler en 1984.

Las plásticas realizadas con flaps o solapas periósticas talladas del peroné se indican en bostezos menores de 15 grados y/o desplazamientos anteriores a 10 mm. Con estos procedimientos se han comunicado bostezos residuales de 7 grados (1990).

En nuestro medio, Giraldi, en 1977, publica una modificación de la técnica de Elmslie realizada por Vidal, haciendo notar que también reconstruye el sistema sin limitar el retropié.

Kelikan, en 1980, da a conocer otra plástica efectuada esta vez con el tendón del plantar delgado, pasándolo a externo por un túnel en el calcáneo, emergiendo en el sitio de inserción del PC.

Volviendo sobre las ideas de Elmslie, en 1969 Christman y Snoock publican una modificación de la técnica: siguiendo casi la trayectoria original se utiliza la mitad anterior del tendón del peroneo lateral corto.

Este procedimiento, elegido por nosotros y utilizado en nuestros pacientes, tiene la ventaja de reproducir con fidelidad la orientación y valores angulares entre los componentes del complejo, compensando tanto la sintomatología en flexión plantar como en flexión dorsal del tobillo, con limitaciones nulas o mínimas en la articulación subastragalina.

El dato más importante para el éxito es el ángulo que deben formar las ramas anteriores y media del trasplante, escrupulosamente entre 100 y 105 grados.

El hemitendón será suturado hacia delante al periostio del cuello astragalino y al ligamento glenoideo para reproducir el haz PAA con poliglactina 2/0.

Luego de la salida por detrás del peroné se lo desciende a la pared externa del calcáneo, pasándolo entre los peroneos laterales y la superficie externa de la articulación subastragalina posterior hasta el punto de inserción del PC. La fijación al hueso se realiza en una pequeña tronera y se la asegura con una grapa de 1 x 1 cm.,o por medio de un arpon,de 3.5 mm.

La serie de los creadores suma 7 atletas seguidos durante un período de dos a seis años.

A éstos hay que agregarles los 22 pacientes de Riegler operados entre 1975 y 1983, publicados en 1984, con muy buenos resultados.

• Material y método
Desde marzo de 1975 a junio de 1991 hemos podido controlar y tabular 27 enfermos operados según la técnica de Christman y Snoock y en base a éstos desarrollamos este estudio.

Trece pacientes correspondieron al sexo masculino y 14 femenino; las edades máximas y mínimas fueron 43 y 15 años respectivamente, con un promedio de 23.6 años.

El tobillo derecho fue afectado en 16 enfermos y el izquierdo en 11. En las radiografías con stress lateral pre operatorias se obtuvieron bostezos entre 12 y 30 grados, con una media de 21, 3 grados.

Todos los enfermos refirieron recordar el accidente original, que databa de un máximo de cinco años y un mínimo de seis meses.
Sólo recibieron tratamiento sintomático o una bota de yeso por no más de tres semanas. Un solo caso llevó por seis semanas: presentaba el ingreso un bostezo de 10 grados que luego evolucionó, por sucesivos traumatismos, a 25 grados un año después.

En ninguno de los otros 26 enfermos se realizaron radiografías con stress (maniobras forzadas en varo del retropie) y/o artrografías en oportunidad del accidente primario.

Todos los enfermos fueron evaluados según el Score que publicara Pace en 1990, en el Giornale Italiano de Orthopedia y Traumatología.

Este toma en cuenta seis items: dolor, movilidad, laxitud, edema y actividad, valorando cada apartado de los mismos con 0, 1 y 2 puntos.

Se consideran buenos resultados los puntajes entre 0 y 4, regulares entre 5 y 8 malos de 9 a 12 puntos.
En nuestros casos hemos tabulado 22 como buenos resultados (81,48%) y 5 como regulares (18,52%).
Las secuelas que hemos observado con mayor frecuencia fueron:

  • Edema luego de la carga: 7 casos.
  • Rigidez de la articulación subastragalina: 1 caso.
  • Sensación de inestabilidad: 1 caso.
  • Realización de una actividad parcial: 3 casos.
  • Laxitud residual: 1 caso con bostezo de 9 grados.
  • Dehiscencia de la herida operatoria: 1 caso.

• Conclusiones
Para el tratamiento de nuestros pacientes portadores de una inestabilidad de tobillo sintomática quisimos adecuarnos a una clasificación que, con criterio anatomopatológico, nos permitiera distinguir aquellos pacientes que podían ser pasibles de cirugía de aquellos que se beneficiarían con tratamiento conservador.
Para ello nos hemos valido de la clasificación de Anderson y Le Coq, indicando el tratamiento quirúrgico en las lesiones tipo 3; en el tipo 2 la decisión está supeditada a la edad del paciente, tipo de actividad atlética y un importante dato, que es la sensación de inestabilidad que experimenta.
En el tipo 1 recomendamos el tratamiento conservador.
De las técnicas quirúrgicas disponibles en la bibliografía y siguiendo los conceptos biomecánicos de Inmann preferimos la de Christman y Snoock, que reproduce la anatomía, en lo referente a la posición y dirección de los haces casi con exactitud.
Pensamos, en definitiva, que se trata de una técnica confiable y de sencilla realización, cuyos resultados alejados han respondido plenamente a nuestros objetivos, obteniéndose en la mayoría de los pacientes tratados tobillos estables, con buena movilidad tibioastragalina y subastragalina, sin signos degenerativos durante el seguimiento realizado.

• Bibliografía
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Dr. Macklin Vadell

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